Esta es la segunda vez que manejo en carretera con el corazón roto.

La primera fue hace un par de años. Terminaba un evento en Puerto Vallarta. Había estado con alguien a quien quise mucho y con quien pasé momentos de mucha emoción, pero desde el inicio supe que eso no iba a durar; teníamos fecha de caducidad, fuimos fugaces. Y aún así, dolió; así que, ese día, me prestaron un coche y lo tomé para ir a San Pancho, el pueblito en Nayarit que fue testigo de mis lágrimas, y dador de esperanza.

El año pasado me enamoré de alguien diferente, y realmente pensé que sería distinto; algo me daba certeza e ilusión, no desde la ingenuidad, sino desde el deseo profundo de que las cosas, por fin, fueran de otra manera; pero no fue así.

No fue su culpa y tampoco la mía; fueron las circunstancias (suyas y mías); fue el momento en que la vida decidió juntarnos aunque nos lleváramos 9 años de diferencia. Todo eso que nunca se puede escribir con precisión pero que pasa y pesa como piedra en el pecho después de haber vivido momentos donde los dos emprendimos vuelo.

No me di cuenta de lo triste que estaba hasta hace unos días. Hasta que, en medio del trabajo, del ruido, del movimiento… algo se quebró por dentro. Suave, pero claro.

Y en ese silencio interno entendí que, aunque me duela, no hay error en haber sentido ilusión. Que no me equivoqué por esperar algo distinto. Que a veces, lo que más duele no es el final, sino la pausa, la no-respuesta, lo que no termina de explicarse.

Esta es la segunda vez que manejo rota en carretera, pero ya no desde el drama, ya no desde la inmadurez, pero sí desde el silencio. Desde ese lugar que acepta, que respeta y que espera. Que espera a que el corazón sane, porque si de algo estoy segura, es que de amor uno no se muere. 🌿

Una respuesta a «Corazón viajero»

  1. Avatar de Humberto Nava

    Abrazo grande y fuerte!!!

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